El arte es una mentira que nos permite decir la verdad.
Pablo Picasso

sábado, 25 de febrero de 2012

Seguir creciendo.


Oh, la obviedad y su juego aturdidor.
Desde los tiempos inmemoriales en los planetas se alinearon prediciendo una catástrofe y nací, la obviedad ha sido una traba importante en mi vida, aunque yo no lo supiera.
Esas mentes lógicas que obvian detalles sin aparente importancia, parad y escuchad, puede que esto os ayude un poco como me está ayudando a mí desde hace unos días.
¿Qué significa crecer?
Crecer significa tantas cosas, tantos pensamientos, tantas relaciones y tantas letras de canciones que podría escribir durante horas y horas y se me escaparían millones de pequeños aspectos de esa actividad tan bizarra porque nunca se deja de crecer, y es imposible saberlo todo. Pero hay algo que la obviedad nos enseña y se guarda en el bolsillo para después salir corriendo. Lo has visto, pero se ha ido y no te ha dado tiempo a pensar en ello detenidamente ni ha entender qué significa en realidad.
Muchas personas que están pasando por esa adorable etapa llamada "Adolescencia" están deseando crecer para "ser libres". No sé si se habrán parado a pensar en el maravilloso significado de esa expresión, o simplemente lo dicen porque suponen que al crecer sus padres dejarán que hagan lo que quieran, dejaran de preocuparse a todas horas por ellos y se podrán ir de casa a hacer lo que quieran (si las condiciones de este país lo permiten, claro). En este momento es cuando la obviedad aparece y nos saca la lengua. "Eh, tú, mente filosofica que intenta sacarle una reflexión profunda a cualquier pensamiento o concepto que se te cruza por delante, si quieres escribir algo que haga llorar sobre el crecimiento, no te pares en el apartado de la libertad, porque eso ya está muy visto y todo el mundo lo sabe." Oh, obviedad, fulana desalmada.
¿Qué significa ser libre?
Ser libre significa tantas cosas, tantas revoluciones, tantos llantos, tantos poemas hermosos que podría estar escribiendo horas y no sacaría ni una milésima parte de nada en claro.
Pero quizá, si intentamos relacionar el crecimiento con la libertad nos encontremos ante algo en lo que jamás habíamos pensado. Es cierto que al crecer, no dependes de los toques de queda que te implanten tus padres (aunque mis progenitores no sean demasiado flexibles ante ese tema), no dependes de una autorización firmada para salir del instituto, enviar cosas por correo, matricularte en cursillos o hacer exámenes. Pero esa es sólo la parte obvia. La que la obviedad nos deja ver.
La parte que se mete en el bolsillo es la mejor. Es la libertad que no te condiciona a lo correcto, sino a tu nivel de responsabilidad. La que te hace más fuerte, pues te insta a que tú mismo pares los golpes, te confundas,seas negrigente e intentes buscar respuesta a tus preguntas hasta el punto de entrenarte para "ser" y "pensar". La que te enseña que vivir enamorado hace daño, y no te permite hacer buen uso de la cuerda con la que sujetas tus cometas, las personas que necesitas para vivir. La que te enseña que por el contrario, es vivir amando lo que te hace ser feliz, porque la cuerda de tus cometas es fuerte, pase lo que pase. La que recopila todas las anteriores cosas y te hace darte cuenta, muy poco a poco, de que es mejor vivir para encontrar que condicionar tu vida a buscar, que el siempre y el nunca sólo sirven cuando se tiene miedo a perder y limitan tu capacidad de movimiento, que si se tiene algo, no hace falta asegurarlo con un siempre o con un nunca, porque ya se tiene, ya se ama, ya se ha encontrado. Se puede ser libre y vivir sin estar condicionado a palabras, a acciones o a presuposiciones inseguras. Y sobre todo, se puede ser libre, porque el miedo y las ataduras que de él derivan ya se han ido.
Aun persigo a la obviedad para ver todas esas cosas que me he perdido. Sólo soy una principiante, pero me gusta lo que veo en el horizonte.

domingo, 5 de febrero de 2012

Respuestas bajo las piedras.

Mi profesor de arte del instituto, Patillas, nos manda a veces trabajos escandalósamente raros. Uno de ellos, hace tiempo, fue hacer una escultura con basura. Nos dijo que fuéramos atentos porque en cualquier lugar, en cualquier momento podríamos encontrar algo con lo que hacer la escultura. Además, nos contó que los grandes artistas, cuando tienen en mente hacer una obra, sin darse plena cuenta, entrenan el subconsciente para estar en busca de inspiración. Al igual que los diseñadores o los escritores. Esto quiere decir, que aunque ellos no estén totalmente pendientes de encontrar materiales con los que trabajar, temas que abordar o maneras de hacerlo, en cuanto algún aspecto de sus vidas les da una pista, ellos la atrapan.
Esto me impactó bastante. Me pregunté cómo haría para ir caminando por la calle, mirar una piedra o un contenedor y pensar en el trabajo que tenía que hacer. Generalmente cuando una persona va por la calle no está buscando materiales, va escuchando música y mira una piedra como mira un cacho de rama, sin que le salte la chispa de la inspiración, a no ser que sea un objeto o forma muy evidente que consiga llamarnos la atención.
Tengo que decir que no conseguí hacer lo que se me pidió. Cuando quedaba una semana para entregar el proyecto, a toda prisa busqué por mi casa cosas que no me sirvieran para construir mi escultura, que resultó ser un pájaro con un mecanismo de reloj en su interior (una caja metálica de caramelos).
Cuando tenemos una duda complicada, sobre un tema de controversia, o cuando no queremos afrontar una pregunta que te haces continuamente tendemos a pensar que la respuesta es demasiado complicada de encontrar, por lo que dejamos de buscarla. Esto a veces nos puede hacer sufrir. Porque si no se afronta lo que se tiene delante o si no se reconoce que no suele ser difícil, sino doloroso o si se aparca el tema, adiós muy buenas, la energía negativa va calando en nosotros.
A menudo, son preguntas tan dolorosas o tan enrevesadas o con tantas opiniones dispares, que no se pueden contestar en el momento. Entonces es cuando podemos comenzar a entrenar a nuestra mente para encontrar respuestas. Para relacionar cualquier reflexión o pensamiento que pueda llegar a nuestros oídos y formarnos una opinión. Podemos ir caminando por la calle, encontrar una piedra y encontrar un mundo. Y personalmente, para mí, no hay muchas cosas más satisfactorias que tener un momento de lucidez en el que te das cuenta de algo, en el que las respuestas comienzan a surgir por todas partes y de pronto, todo parece más fácil.

sábado, 4 de febrero de 2012

Periodo de lucha.

La ciudad se une en un clamor ensordecedor. Todos gritan, saltan, agitan los puños al cielo exigiendo justicia. Guerreros que han despertado del sueño, aunque todavía no lo suficiente. Luchando por salir de la dimensión en la que les han atrapado y les controlan disfrazando las cárceles de parques de atracciones con luces de colores envolventes y adictivas. Cada vez son más, pese a que los medios de comunicación pretendan ocultar su número y potencial peligrosidad.
Movimiento en las aulas. Protestas de descontento en las puertas de los centros educativos, incitando a los viandantes a unirse, a despertar. A tí que estás mirando, también te controlan, te roban, se ríen maliciosamente de tu inocencia, de lo pequeño que eres, y de que te gusta vivir en la ignorancia mientras ellos disfrutan de tus recursos vitales. Entre clases, estudiantes que deberían estar preparándose para "la prueba", pelean y pierden entrenamiento pintando sábanas con mensajes alarmantes para poder tener un futuro tras "la prueba", que descuidan más día a día. Las contradicciones se suceden, y los guías y maestros de la juventud, lloran por ellos, por los que no se dan cuenta de que es su vida la que está en juego y por los que sí lo hacen, y sufren. Les ayudan, les movilizan, intentan educarles, pese a todas las barreras que se presentan, para un mundo mejor. Ese que si no construyen ellos no existirá.
Se encierran en el trabajo, para seguir protestando, se tapan con mantas y corren disfrazados de ladrones por las calles Se ponen máscaras anónimas, inventan y expanden consignas, hacen pintadas clandestinas en las calles, reparten folletos informativos con la esperanza de que no acaben en la papelera más cercana, ruegan el ejercicio del pensamiento y crean grupos de resistencia en la red, la misma que intenta someterles y reprimirles.
Mientras tanto... siguen creciendo.

sábado, 21 de enero de 2012

Amigos. Boto. Parte de mi familia.


Todo el mundo debería tener un Boto. Porque Boto vive en armonía. Porque Boto no le da importancia a cosas que no la tienen, y menos si se trata de algo dañino. Porque Boto es un guardián, te hace sentir querido.
No sabría muy bien cómo calificar a Boto. Él era mi primo los viernes, mi tio los sábados y mi hermano los domingos. Me crié con él y aprendí a ser quien soy en parte gracias a él. Recuerdo el momento en el que lo conocí. Fue jugando. Con Boto siempre es un juego. Boto, en su interior tiene un espíritu puro, comprensivo, él sabe que para los niños todo es un juego, así que hace de todo una oportunidad para divertirse y aprender, dos de las cosas que mueven mi vida. Y así me conquistó. Boto me enseñó a atravesar el desierto de Dune sin que me comieran los gusanos gigantes, me enseñó tácticas de supervivencia y de ahorro. Me enseñó a pintar con comida, a dormirme oyendo historias fantásticas sobre animales que viajan, sobre peregrinos del tiempo, sobre castillos que andan y piedras mágicas que conceden deseos. Junto con mis padres, me enseñó a amar la naturaleza, a luchar por mis ideales con argumentos racionales, a amar el arte, la cultura y los libros. Me enseñó a decir que quiero beber en alemán, me enseñó a beber cerveza. Me enseñó a ser pacífica y a soltarme. Me enseñó lo raro, lo que no había visto nunca.
Cuando Boto entró en nuestras vidas, nos volvimos más bohemios. Empezamos a interesarnos más por nuestro alrededor. Nosotros lo conseguimos a él, y él nos consiguió a nosotros. Su familia elegida, esa que no le juzga por cómo es, por lo que hace. Esa que le apoya y admira esa humildad, esa paz, esas ganas de salvar el mundo, esa bicicleta todoterreno para no contaminar, esa música extraña que nadie escucha, esas pizzas caseras con vino, esa ropa despareja, esa voz aguda que desafina cuando canta, ese "Me da igual lo que piensen de mí, no es importante. Voy a ser feliz cueste lo que cueste, y sería genial que vosotros también lo intentaseis. ¿Os apuntais a un concierto celta?"
No es la fuerza lo que lo hace especial, ni tampoco la belleza exterior. No es su facilidad para captarlo todo o su agilidad. Es la constancia y el empeño que pone en cada cosa que hace. La dedicación con la que vive, la paciencia que tiene, su empatía, generosidad y todo el amor que lo mueve. Y está prohibido concebir a Boto como la despreocupación personificada. Pues con apenas mi edad ya estaba enterado de todo y formadas muchas de sus opiniones. No me es dificil imaginármelo con quince años menos poniendo verde a algún político canalla de la manera más humorística y exagerada posible.
Creo que si Boto no hubiera entrado en mi vida, yo no sería quien soy ni por asomo. Sería más triste, no habría hecho ni la mitad de cosas. No habría plantado ese árbol, leído ese libro o hecho ese dibujo. Creo que si Boto no hubiera entrado en mi vida, Aquarela no existiría y no sabría cómo existir.
Todo el mundo debería tener un Boto que le llevara a manifestaciones, a reforestaciones, a exibiciones de capoeira, a exposiciones, a la biblioteca, pese a que tardara demasiado en hacerlo y una Aquarela de siete años se enfadara con él. Y Boto simplemente recibiera el enfado con los brazos abiertos y pensara “Perfecto. He creado un monstruo. Mi plan va sobre ruedas.” Y acto seguido, aguantara, jugara y riera durante horas haciendo uso de su espíritu juguetón y de su asombrosa capacidad de ponerse en la piel de dos fantasiosas niñas.
Pese a la asombrosa capacidad del típico joven actual de atraer la indiferencia o el tormentoso enfado adulto, Boto ama a las personas por quienes son, y no por la edad que tengan. Es capaz de hacer que un niño se sienta importante, respetado y escuchado, pues valora toda opinión sin discriminación. Aunque eso a veces le haya traido problemas del calibre de "Aquarela es muy pequeña para ver eso, Aquarela no se acuerda de ponerse la chaqueta sola o a Aquarela todavía no le interesa mucho la economía". Ahora que puedo mirar con un poco más de perspectiva, Boto siempre a sido así conmigo, me ha contado sus cosas, me ha hecho partícipe de sus descubrimientos.
Estoy orgullosa de Boto. Es una persona que ha decidido viajar y aprovechar su tiempo. De aquí para allá, no importa. Todo puede convertirse en una buena experiencia con una sonrisa y energía positiva. ¿Para qué hacer mala sangre? Haz de tu vida una buena historia y no te preocupes o enfades por cosas que no son importantes. Esa es su filosofía de vida. El respeto por la felicidad, la armonía con el entorno, el pensamiento. Cuando sumas todo eso, cuando encuentras la inteligencia aplicada a la felicidad y al amar a los demás, el resultado es una melodía exótica llena de color, de danza. Es Boto.

domingo, 15 de enero de 2012

Bellas cosas.

Una risa desenfrenada y desconcentrante.
Fruto de un lapso de tiempo en el que una mano amiga se acercó a esa persona y la ayudó a salir un rato del pozo para impedirme estudiar.
La aprobación en una delicada rosa.
Que pétalo por pétalo es pintada con amor y va haciendo crecer el estilo, aún un pequeño embrión.
Pasos precipitados por la ciudad con sabor a plátano.
Despiertan, ajetrean y complican una mañana tranquila en compañía de dos estrellas.
La primera escucha.
La de alguien que acoge e integra. Y quizá ha cambiado un poco.
Y esa lágrima que no sabía que se derramaba...
Esa que iba por mí. Esa que nunca pensé que tuviera fuerza.
Bellas cosas que han hecho de mi fin de semana algo precioso.

lunes, 9 de enero de 2012

¡Feliz año 2012!


Año nuevo, grano nuevo.
Para aumentar el mal fario que la televisión y los mayas han levantado en contra de la humanidad y otros muchos animales terrestres, nada más sonar la última campanada me salió un grano en la frente. Que no es que me moleste, qué va. Es... entrañable. Puede que hasta le ponga nombre y todo.
El año pasado por estas fechas me recuperaba exitosamente de una terrible experiencia enfermiza en la que sólo me alimenté de agua con limón y azúcar. Osea que os podeis imaginar mi pasada Navidad. La comida fue realmente adorable. No por nada, sino porque contagié a toda mi familia y no nos gastamos un duro en marisco y pijotadas consumistas navideñas.
Este año, en cambio, he vuelto a sentir la Navidad. Esos días previos en los que te encaminas a toda leche a comprar los regalos para tu familia y te quedas sin nada en tu ridícula y vacía hucha, esos días en los que tienes que tener en cuenta cada prenda de ropa que sacas del armario por si la quieres meter en la maleta. Vale, de acuerdo, esas son las peores partes, pero lo mejor está por venir.
He pasado una semana y media rodeada del típico ambiente Navideño en casa de Abuela Materna. Os lo describiré someramente, porque para entender el concepto debeis experimentarlo en vuestras carnes.
Mi abuela, cocina para un regimiento y además todo el mundo lleva algo, por lo que en la cocina (que es una piltrafilla de 3mx4m), se organiza un guirigay de platos y personas entrando y saliendo para poner la mesa. Mi abuela se pone nerviosa. Somos tantos que hay que comer por turnos (no sé si os he explicado que mi familia es una sola, mi abuela y mi padre son primos, y aunque solemos separar las familias, mis abuelos paternos estaban allí) así que a los jóvenes nos mandan a casa del primo, que vive al lado. Cuando acaban unos, hay que recoger la mesa y poner la siguiente, así que el lío en la cocina es aún más impresionante. Y como parece ser que algunos de los individuos de las generaciones venideras han sido educados para tardar media hora en abrir un cajón y sacar un tenedor, no hay que dé pie con bola. Falta resolución. Mi abuela se pone nerviosa y empieza a pensar que somos inútiles. Todo esto ocurre mientras en el salón, la gente está teniendo veinte conversaciones simultáneas. Uno de mis tios empieza a contar algo haciendo un montón de comparaciones acertadísimas en las que nunca caerías, otro se pone a decir tonterías mientras bebe vino, otro se pone a hablar de filosofía y metafísica mientras mi abuelo se duerme en el sofá, mis tías marujean y mi perro da vueltas pidiendo un triste destín navideño. Mi abuela, en misa y replicando manda callar a uno, se ríe de la gracia del otro y sigue quitando la mesa mientras mi madre intenta quitarla a ella de enmedio. Muchos escuchan y ríen. Mis primos y yo nos reímos con todo e intentamos ayudar. Y el salón tampoco es muy grande. No hay intercambio de regalos conjunto, no hay juegos, pero hay mucha risa y el volumen con el que suelen hablar (muy fuerte) cambia (a voces).
Envuelta en risas y anécdotas he conocido más mi ciudad. Tenía que reconciliarme con ella, aún tengo que hacerlo, porque de pequeña la amaba tanto y en los últimos años le he cogido tanto miedo. Pero Sevilla es pura magia y color.
Por primera vez he patinado sobre hielo, e ido a ver ruinas romanas, he jugado al halo, he ido a algún que otro bar con el ambientillo que me ha encantado (buena música, películas en blanco y negro de cine mudo, gente jugando a juegos de mesa y una estantería con libros y mangas).
Me lo he pasado genial, sobretodo porque yo funciono al revés. Tengo el cerebro en los pies (risas). Venga, no, enserio. Además de que me como la pizza, las magdalenas, el roscón, y todas las cosas que tengan principio y fin al revés, funciono al revés. La mayoría de la gente se va contenta a algún sitio, se lo pasa pipa y luego echa de menos su casa. Yo sufro muchísimo a la hora de irme y luego no quiero ver mi casa ni en pintura. Aunque como en mi cama en ningún sitio se duerme.
Para año nuevo me he propuesto bastantes cosas, incluso hice una lista con Pocahontas y ella añadió más. No sé si las cumpliré, pero sé que las iré cambiando poco a poco. Una cosa que sí he decidido es que no seré tan malhablada, digo muchas palabrotas y eso se tiene que cambiar, no puedo escribir en lenguaje culto y que luego una de cada diez palabras que salen por mi boca sea mierda. Otra, es que voy a quererme más y a conocerme más. Voy a dar más amor, aún. Y voy a hacer los deberes antes de las ocho de la tarde. Se va a acabar eso de a las doce ponerme a hacer un comentario de texto, tengo que ser más ordenada y limpia, y no dejarlo todo para última hora.
Y voy a dar más pasos para alcanzar mis sueños. Voy a esforzarme más y a abrirme camino, a seguir sin conformarme, a moverme. Os deseo lo mismo a vosotros. Que sea un feliz año 2012, y que si cuando acabe el año no estamos todos muertos podais mirar la lista de propósitos y admirar felices que habeis cambiado algo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Clumsy VII

El otro día, estaba comiéndome la cena en mi cuarto, mientras veía una serie cuando escuché unos gritos ensordecedores. Abrí la puerta a todo correr y comprobé asustada que los gritos provenían de la cocina. Corrí por el pasillo para asomarme por la puerta y contemplar un auténtico espectáculo. Clumsy, gritaba al tiempo que saltaba sobre un trapo ardiendo, su mejor amiga, la contemplaba con terror en los ojos tapándose la boca. Ambas proferían horribles alaridos. Cuando todo estuvo en orden, Clumsy se giró hacia mí con matas de pelo castaño cruzadas por la cara y expresión extasiada. Volví a mi cuarto medio descojonada.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Trote repentino.

Instantes esporádicos el corazón se desboca.
En viajes nocturnos asalta la sensación.
Minutos perdidos, hundidos en el mundo interior.
Y aparece de nuevo.
Una inesperada flor.
Los naipes se derrumban con un soplo.
Todo es silencio, excepto las repentinas palabran.
Esas que hacen flotar de nuevo.
Y las que agarran fuerte y firme a la tierra ese ente.
Incapaz de quedarse allí mucho tiempo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Ingrid Michaelson - Parachute (new video)

Cuestiona.

Cuestiona, cuestionalo todo.
Duda, pregunta.
Si no se duda, si no se sabe con lo que no se está de acuerdo no se puede aprender, no se puede saber.
Si no se separa lo que se sabe de lo que no se sabe no se busca lo que se ha de aprender.
Si no hay opciones, no hay decisiones.
Duda, pregunta. No lo creas, vívelo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Dos semanas de vértigo.


El año pasado, unos cuantos compañeros y yo hicimos un periódico para el instituto. Sólo sacamos un ejemplar en Abril, porque no teníamos mucho tiempo y al parecer tampoco muchas ganas. Pero hace poco, se nos ocurrió volver a hacerlo. Sacar un número en Navidad. Mi aportación particular fue hablar sobre las huelgas (puesclaroquesí, ¿cómo no?) y hacer un reportaje preguntándoles a los profesores cómo eran ellos en el instituto. Todavía no tengo todas las respuestas, pero tendré que dedicarles un post, porque hay para rato.
Esto me hizo plantearme que si alguna vez llego a profesora y me preguntaran quién era yo a su edad, la respuesta sería bastante divertida.
"¿Que quién era yo a tu edad? Un puto desastre."
Desde que me parió mi madre soy un pequeño desastre animal. Soy una rebelde, una irresponsable, una vaga, una perra, no soy capaz de aguantar a las tentaciones. Soy un culo inquieto. Si tú a mí me pones delante de un libro para estudiar, gastaré diez minutos en decirme a mí misma "Sí, yeah, venga, a por todas, eres una máquina.", otros diez minutos en acariciar a mi perro que pasaba por allí, otros diez en leer la primera línea sin enterarme de nada porque estoy en las nubes. Luego, comenzaré a recitar la primera línea, cogeré un boli, lo pondré sobre un papel y la frase se me quedará en la boca mientras giro el boli haciendo rayajos otros diez minutos hasta darme cuenta de lo que estoy haciendo. Si a eso le sumamos que es el día anterior a un examen, no me sé nada y el resto de la tarde he estado viendo Anatomía de Grey, no llegamos a ninguna parte. Y luego saco un nueve. ¿Por qué? Porque me lo he leído una vez y se me ha quedado. Pero lo que es hacer, de hacer, de sabérmelo bien... no. Por suerte hay un fragmento de mí que se llama "culpabilidad" que se anticipa a cualquier cosa siempre y consigue que sea capaz de meterme en la cama, cerrar los ojos, acordarme de que había deberes de lengua y destaparme, encender la luz y cagarme en la puta mientras saco una hoja y el estuche.
No sé, de verdad, cómo mi yo académico ha conseguido sobrevivir a estas dos semanas de vértigo en las que he tenido todos los examenes de todo. A una media de dos por día. Creo que ha sido la primera vez en toda mi vida en la que he hecho algo por las tardes además de tocarme las narices, quedar con todo el mundo, ver siete series a la vez, bailar por la casa y tocarme las narices de nuevo. He acabado mental y físicamente agotada.
Sin embargo, sí sé cómo mi yo YO, ha conseguido sobrevivir a este torbellino de esdevenimientos. Me lo he pasado bien.
Siempre me ha gustado ir a clase, pero no me levantaba con ganas de ir a clase. El año pasado, a final de curso, el fenómeno empezó a ocurrir, y pese a que este año lo empecé con un poco de mala pata, ahora mismo estoy muy contenta. Me levanto con ganas de ir a clase, de llegar, de aprender y absorverlo todo, de conocer a la gente, de reirme mucho. Y estas dos semanas me he reído muchísimo. De tanto reírme he adelgazado cuatro kilos (vale, a lo mejor no ha sido de reírme y estaba estresada, pero es bonito decirlo así). Porque estudiar en el autobús, ir corriendo por la calle porque llegaba tarde ha hecho que quiera enfrentarme a retos. Acabar una clase y compartir sesiones de abrazos fugaces en los pasillos con los compañeros de la otra clase, los que iban conmigo el año pasado antes de que nos partieran en dos, sube la moral. Porque todos estamos nerviosos, y sabemos que no estamos solos, que no somos superhéroes, y que enfrentarte a segundo de bachillerato sin apoyo es un suicidio. Necesitas a alguien con quien comparar apuntes, a alguien con quien repasar esa absurda fonética, esos ejes cronológicos, esas tablas de verbos cada vez más enrevesadas. Necesitas a alguien con quien tirarte en el suelo del patio compartiendo una bolsa de patatas mientras te quejas de lo mal que te ha salido el examen de artístico y lo feos que eran todos los bodegones a escojer. Necesitas a alguien con quien compartir una mirada cuando todo te recuerde a la virtud de Séneca. Necesitas a alguien a quien decirle "Voy a suspender" y que te responda "Pues ya somos dos". Necesitas a alguien con quien llenar la pizarra de dibujos amorfos y de frases tontas, alguien con quien colgar por el instituto carteles de "Coge una sonrisa", alguien con quien compartir el agua de las acuarelas, o risas cada vez que el profesor repite esa palabra. Necesitas a alguien con quien gritar cuando haya fiesta, con quien engordar cuando no haya nada que estudiar, con quien dormir en el trayecto de vuelta a casa en un autobús concurrido. Alguien como Pat y Zapatilla, que son dos amores con los que tengo una conexión muy fuerte. Alguien como Spok, que es lindo como él sólo. Alguien como Drums, que se cruza fugazmente y alegra el momento. Alguien como Dratori o Roj, que son las mejores compañeras de nervios que hay. Alguien como Silhouette, que escapa de su mundo mientras que tú lo haces del tuyo y os encontrais en medio. Alguien como Pocahontas, que te alivia los nervios con sus apariciones repentinas.
Y mis dos semanas de vértigo se transforman en un pálpito de corazón rápido, en una risa, en un abrazo, en mil abrazos. Y sobre todo en experiencias insustituibles.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Momentos de risa antes del deber.

Hoy, pese a ser un día laborable, hemos comido Padre, Madre, Clumsy y yo juntos. Este fenómeno no ocurre casi nunca, puesto que generalmente cada uno llega a una hora distinta y Padre por las tardes estudia. Y ha sido divertido. Como hemos estado una semana con la nevera rota y hoy nos han traido la nueva, no teníamos casi nada. Así que ha sido la típica comida de sobras en la que se comparte todo.

Padre: Venga, Clumy, haz de conejillo de indias y cómete las albóndigas.
Clumsy: ...
(¿Recordais el día de la gran Boda del Siglo? Pues esas albóndigas.)
Yo: ¿Están ricas Clumsy?
Clumsy: ...
Yo: Venga, que llevan ahí un mes.
Clumsy: Están muy ricas, seguro.
Yo: Un mes. Todo un mes. No es nada. Pruébalas.
Clumsy: ...
Yo: Un mes.
Madre: ¿Y qué? Habeis comido cosas que llevaban un año.
Todos: ...

Tras un derrumbamiento de infancia y carcajadas sonoras...

Clumsy: Pues qué pequeña es la nevera ¿no?
Yo: Pero si es más alta que la otra.
Clumsy: Pero menos honda.
Madre: Mejor, así vemos lo que hay dentro y no se quedan las cosas ahí años sin que nadie sepa que están ahí.
Yo: (Muerta de risa) Un puré mohoso por ahí.
Madre: El humus que ya ni es humus, es penicilina.
Padre: El limón que se seca, se retuerce pero nunca se pone malo.
Madre: Se tira cinco meses secándose y aún así no se pudre, sino que repele las bacterias.
Padre: De hecho las esporas que van a posarse en el limón mueren cegadas.

Despues de algunos descojones más.

Yo: Padre, te has comido ya diez patatas y yo ninguna. Qué injusto.
Madre: Vamos a repartirlas. (Separa los montones de Clumsy y mios. Separa el suyo del de Padre.) Esto para tí. (Señala un montón y coge una patata y se la come.)
Padre: ¡Oye! ¡Qué morro tienes!
Madre: Ea. Esque tenía currusquelo.
Yo: Creo que Clumsy y yo somos las únicas adolescentes en el mundo que sabemos qué significa esa palabra. Vamos al insituto, la decimos y la gente no nos entiende.
Padre: (Después de haberse comido casi toda la barra de pan, coge un cacho más que sólo deja el pico)
Yo: ¡Padre!
Padre: Perdona, perdona (Me da el cacho). Qué violencia.
Yo: Hombre, me he criado contigo. O comes rápido....
Clumsy y yo: ... ¡o no comes!

Me ha encantado reirme tanto justo antes de tener que hacer un autorretrato a bolígrafo que sé que quedará horrible y me convertiré en pica-pica.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Clumsy VI

Ayer, mi querida Clumsy soltaba por su boquita de piñón una verborrea interminable que pretendía culminar con un gesto cómico en el que cogía una botella de agua y fingía darse a la bebida con desesperación. La botella estaba abierta. Clumsy terminó mojada entera y petrificada.
Hoy, mientras me comía quieta una rosquilla casera, se ha chocado conmigo haciendo que se me cayera al suelo. Cariñosamente, he hecho alusión a su mote especial. Ella, indignada, a tirado el trapo que llevaba en la mano gritando "Mamá. Dile algo. Yo no soy torpe." Padre y yo no hemos podido hacer otra cosa que reir. Y al final la he convencido para grabar su afirmación haciendo playback a cámara lenta con la voz más grave de Padre. Hubiera subido el video, pero Clumsy no ha querido, dice que estaba despeinada.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vista al futuro.


Hay muchas maneras de mirar hacia el futuro. Llevo unos cuantos días queriendo dedicar una entrada a esta idea. Está la manera optimista, la fatalista, la indiferente, la ajena (la que tus amigos ven y utilizan para reirse de tí o la que ve tu madre cuando te mira)... y la que más me gusta a mí: la esperpéntica.
Si tengo que hablar sobre esta última, está muy claro qué decir. El maestro Valle-Inclán y el maestro Goya antes que él, nos regalaron y conceptualizaron esta maravillosa idea. Abrieron camino e hicieron escuela. Aunque, claro, yo no soy nada comparada con ellos, por lo que exageraré hasta lo grotesco lo peor de lo peor que hay actualmente en mi horizonte, me lo llevaré todo a mi campo, y crearé la visión más deformada de el futuro que me espera tanto a mí como a mi familia.
Si mi vida sigue igual de movida y dinámica como es ahora, dentro de quince años estaré escuálida. Y como eso me remorderá tanto la conciencia, tendré mi armario lleno de camisetas gigantes con frases moralizadoras como "Proud to be fat". Pero no podré hacer nada para remediarlo, puesto que con un trabajo como pintar cuadros y venderlos en la explanada, estaré tan pelada de dinero que no tendré comida suficiente para alimentar a mis padres, a mis ocho perros (todos llamados Hakku por no haber superado nunca la muerte de mi actual animal de compañía) y a mi misma. Porque sí, mis padres vivirán conmigo. Se pasarán el día tirados en el sofá viendo anime mientras yo les cambio los pañales de Naruto. Mi padre, esquizofrénico perdido, se creerá que es una estrella del rock y vivirá frustrado. Mi madre, con alzheimer avanzado y un grave síndrome de diógenes no se acordará de los capítulos de anime que ha visto y los repetirá una y otra vez. Mi padre se enfadará con ella, se chivará y empezaarána discutir, pero a mi madre se le olvidará otra vez y se creará un bucle espacio-temporal infinito. Tendré que pasarle la manutención mensual a Clumsy, que vivirá en una cueva pegada a la pantalla del ordenador leyendo fanfics subiditos de tono. Tendrá barba, gafas de culo de vaso, y las piernas sin depilar. Y lo único de lo que se alimentará será de batidos hechos de fresa con yogur de fresa y leche. Por no hablar de mis amigos. Boto vivirá en la playa, desnudo. Drums será una música callejera drogadicta. Dulce será una desinhibida psicóloga que se lía con sus pacientes. Pocahontas sobrevivirá en el garaje de algún rico haciendo vestidos clandestinamente. Silhouette se encerrará en casa rodeada de gatos y será la moderadora del grupo de fans más grande de Sherlock Holmes mientras en su trabajo analiza bacterias. Y Monckey habitará una pocilga día y noche despierto traduciendo manuales a veinte idiomas distintos alimentándose únicamente de tortellini precocinado.
Es muy divertido esperpentizar tu vida, pues te ayuda a reirte de tí mismo y a darte cuenta de qué es realmente lo que tienes que cambiar.
Pocahontas lo pinta diferente. En su imaginación, ella tiene tres hijas, una de las cuales se llama inexplicablemente como yo. Será madre soltera y ocupada. Yo, seré la tia de sus hijas, y tendré una furgoneta Flower Power con la parte de atrás amoquetada llena de cojines y libros que obligaré a leer a las niñas. Por mi parte, yo viviré en un garaje con mis niños y mi novio, que no marido, viviremos en pecado. Él, será un escritor y músico un tanto inútil, pero nos querremos y seremos felices. Seré una buena madre y una buena pintora.
Clumsy, dice que es muy probable que ella viva en una casa genial con su sueldo de super diseñadora en la que yo apareceré temporalmente de vez en cuando y tendremos conversaciones como esta.

Yo: ¡Clumsy! ¡Acójeme! ¡No quieren publicar mi último comic en el extranjero!
Clumsy: Venga, entra. ¿Quieres chocolate caliente?
Un mes después...
Clumsy: ¿Cuándo te marchas?
Yo: (Tirada en el sofá) No te preocupes, mañana me voy.
Dos meses después.
Clumsy: ¿Esque no piensas irte nunca?
Yo: (Agarrada al marco de la puerta) ¡No puedo creer que me estés echando! Acabaremos distanciándonos y una de las dos morirá y la otra no lo sabrá porque no nos hablaremos en años. ¿De verdad quieres que eso ocurra?

La verdad es que es una situación que podría ocurrir perfectamente. Incluso a la inversa.

Clumsy: ¡Acójeme! ¡Mi novio me ha dejado otra vez! ¡Estoy destrozada!
Yo: Pasa, pasa. ¿Quieres ver una peli lacrimógena con una mantita?
Un mes después...
Yo: Clumsy, tienes que seguir con tu vida.
Clumsy: (Incorporándose de golpe en el sofá) Te prometo que mañana me voy. De verdad.
Dos meses después...
Yo: ¡Clumsy! ¡Mueve el culo, no te puedes estancar!
Clumsy: (Agarrada al marco de la puerta) ¿Me estás echando? ¿A tu hermana pequeña? ¡Qué cruel! ¡Qué abusona! ¡Siempre has sido así!

Si miro mi futuro de una forma fatalista, lo que veo es a mí terminando la carrera sin saber qué hacer, sin encontrar trabajo. A mí, volviendo a mi casa y viendo que todos se han olvidado de mí, que Drums pasa de mi cara, Silhouette se ha vuelto una persona distinta, Pocahontas se ha marchado a otro país y Clumsy es una nini. No tengo dinero, ni puedo alquilar una casa, así que vivo en casa de mis padres sin hacer absolutamente nada y sin saber valenciano. Como no encuentro trabajo me pongo a estudiar otra carrera sintiéndome culpable de todo el dinero que me estoy gastando y de no aprovechar mis títulos. No sé inglés, no he conocido el amor y no soy feliz.
En cambio, si miro de manera optimista, me veo a mí con una carrera y cientos de proyectos en mente. Me veo a mí dibujando comis y publicando en el extranjero. Me veo adaptando mis obras al cine y a la televisión, haciendo algún doblaje. Me veo compartiendo piso con amigos. Veo a mi padre conduciendo ambulancias, veo a mi madre cultivando un jardín en los ratos libres que le deja su trabajo en el hospital. Veo a Clumsy estudiando con ganas, sacando buenas notas y teniendo planes de futuro. Veo a Drums concentrada en sus estudios y con una relación estable, a Silhouette viajando y aprendiendo más y más, abriéndose al mundo, pero siempre volviendo a casa, como yo, a la ciudad de paso. Veo a Pocahontas con un linea de ropa propia, sucursales en varios lugares. Me veo visitándola dondequiera que viva temporalmente y volviendo juntas aquí a pasar una temporada de dibujos y trances a tope. Me veo una persona culta, sabia, una persona que sabe quien es, que es ella misma. Me veo llena de amor y de felicidad.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mani estudiantil.

Y... por fin, hace una semana, la liamos parda en la manifestación organizada.
Despues de remover cielo y tierra, de hablar con jefes de estudios y directora, de convocar a delegados e instarlos a manifestarse y a pensar en su futuro, llegó el día y yo con fiebre.
Pero aun así, y con un examen al día siguiente, por mis narices que no faltaría. El viaje en autobús fue una experiencia mística que nunca olvidaré. Casi me parecía oir a Enya cantar en mi oído mientras todo el mundo se ralentizaba a mi alrededor y los edificios temblaban como flanes y jugaban a estirarse. Y una suave y ensoñadora niebla blanca se aposentaba en mis contornos de visión como mostrándome una imagen irreal.
Pero anda que no se me pasó todo rápido cuando llegué al campo de batalla y ví como grupos de jóvenes concienciados se acercaban con pancartas y rotuladores de colores. Sus espíritus de lucha brillaba en sus auras.
Speed, como digno firmante de la hoja de manifestación y yo, como digna participante en la organización, nos reunimos con un policía que nos explicó cómo nos abriría camino.
Y todo comenzó. Me acoplé en la primera fila sujetando con fuerza la enorme pancarta lider y gritando, aunque no tan fuerte como los demás pues el resfriado me tenía comidas las cuerdas vocales.
No eran muchos, pero los pocos guerreros que se reunieron allí con libros de texto como únicas armas, quemaron las calles de la ciudad con gritos de protesta, ceños fruncidos con rabia y afán de justicia. Nos cruzamos con otra manifestación. Eso nos ayudó, y nosotros a ellos también. Que la prensa vea que estamos descontentos, que vean que estamos en una etapa propicia para una revolución, que vean que todo se desmorona como siga así, y en unos años los motines y las batallas de piedras serán un escenario común en las urbes, tan tecnológicas y evolucionadas que pueden viajar al espacio y clonar ovejas, pero no saben resolver sus conflictos sin violencia y sin ridiculizar al prójimo, no son capaces de ser honestos con los demás, y tampoco con ellos mismos.
Fue bien. Volví a mi casa con fiebre, y decepcionada por la falta de gente. Pero con mi espíritu de lucha a tope y ganas de poner verde cualquier conducta hipócrita que aluda a las reprogamaciones como eufemismos de recortes y a esas contestaciones plagadas de verborrea inútil que no dice nada aparte de palabras con lexemas tranquilizadores que no contestan a nada.
Sin duda lo peor de todo es que han convocado otra huelga para mañana en otros institutos, por ejemplo el de Clumsy y Silhouette, después de que ese instituto no se unió a nosotros en una ocasión en la que protestar estaba a huevo.
Por favor, no dejeis de luchar por vuestro futuro, porque dentro de unos años, el mundo estará en nuestras manos. Sí, en las tuyas y en las mías. Tú, adolescente o joven que te gusta navegar por internet, que tienes unos padres en tu casa que pagan las facturas, que estudias en algún centro, que tienes amigos, lees, juegas con videojuegos, viajas y comes lo que pillas. Seremos los adultos. Igual que ahora somos esa generación de jóvenes maleducada, influída por modas extranjeras y pasota. Dentro de nada el mundo es tuyo, y mío también. Y seremos como ahora, sin tener ni idea de qué hacer con él. Por eso hay que saber, hay que estudiar y preocuparse, hay que ver detrás de las palabras. Chicos, hay que prepararse para heredar esta gran bola de mierda y convertirla en algo bello.

"Breathe (2 AM)" By: Anna Nalick WITH LYRICS

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un alguien especial.

No tengo un mejor amigo. Creo que prefiero no pensar en a quién quiero más, aunque incoscientemente me salte a la conciencia. Pero no podría elegir a una sola persona. No podría. Porque mis luchadores de marfil son todos parte de mi alma, y los amo a todos con locura.
¿Teneis algún mejor amigo o amiga? ¿Creeis que es necesario?
Si le preguntais a la gente, alguna persona os dirá que sí, que los demás necesitan saber que los quieres más que al resto. Creo que es cierto, aunque me pese. Creo que sentirse especial es bueno, y da confianza porque sabes que siempre te van a tener en cuenta y no vas a estar solo.
No se si alguien me ve así. Si alguien lo hace, no me lo ha dicho, y no tengo conocimiento de ello. Lo que sí sé, es que no suelo sentirme especial. Y aunque pensaba que no me importaba resulta que no es así.
Desde que soy pequeña he estado rodeada de personas con las que pasaba mi infancia, personas que jugaban conmigo, o que pasaban el tiempo conmigo y me hacían sentir bien. Pero sólo hasta que aparecía otra persona, entonces yo ya no era tan importante, ya no era casi nada. Aún me sigue pasando. Pero no es culpa de los demás. Puede que la culpa sea mia, por creer que soy especial en la vida de ciertas personas.
Aunque me gustaría que no se notara tanto que preferirían estar con otras personas en lugar de conmigo. Me gustaría mucho.
No soy una persona "alma de la fiesta" con la que te rias sin parar. No soy una persona a la que le guste hablar únicamente de tonterías. A lo mejor eso le corta las alas a la gente. No lo sé. Pero de lo que estoy segura es de que me gustaría sentirme especial. Me gustaría sentir que no se van a separar de mí pase lo que pase. Me gustaría sentir que no me voy a quedar sola. Aunque suelo sentirlo, a veces se me olvida.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Dos mundos.

¿Alguna vez se han mezclado dos mundos delante de vuestros ojos?
Es una sensación increíblemente extraña que no sabría si englobar en la categoría de felicidad radiante y extrañeza, incluso miedo. No es raro, ya que tendemos a separarlo todo. Al menos yo.
Drums va al mismo instituto que yo y tiene el mismo horario que yo. Eso no me había pasado nunca con ningún miembro de Resistencia y es genial. Porque sé que si me pasa algo mientras estoy en clase, o necesito ayuda, o tengo un dilema moral o quiero comida Drums está ahí. Y Drums me comprende. Por otra parte, ver en el mismo plano a la gente del instituto, a mis profesores, los pasillos, las clases y a Drums es no menos que inquietante.
Hoy, viendo como ella se relacionaba con total libertad con mi pequeño clan de clase, he visto como las barreras espaciales se rompían, saltaban los rayos y las chispas, y se fusionaban dos mundos, dos ambientes, dos sentimientos. Y me ha gustado ver que son compatibles.
¿Por qué no? ¿Por qué pensamos que no es compatible mezclar? Ya no hablo tan sólo de grupos de amigos, de mundos y costumbres distintas. Sino de estilos, de formas de vida, de opiniones.
Cuando empiezas a dibujar, hay un proceso de aprendizaje larguísimo y repleto tanto de teoría como de práctica. No tiene nada que ver con saber cómo mover la mano, eso lo sabe hacer todo el mundo. Dibujar es una actividad mental que consiste en saber mirar, saber ver lo que se ve. Al conseguir verlo, consigues dibujarlo y alegra muchísimo darse cuenta de que las manchas que antes no hubieras visto ni harto vino, existen, están ahí. Esto es difícil entenderlo si no dibujas, pero para que os hagais una idea.
El estilo embrión que deja entrever un poco lo que haces, tu manera de expresarte, tu mundo interior, no aparece hasta que no llevas años dibujando y has hecho quinientos mil dibujos, algunos a los que les has prendido fuego o se los has dado para comer al perro. Ese estilo embrión, refleja lo que hay en tí. No lo que muestras, lo que hay, cómo eres. Si además tienes la suerte de actuar conforme a tu personalidad (esto no siempre sucede, mozuelos, habeis de admitirlo), entonces perfecto.
Es genial tener un estilo, pero para saber dibujar, para elegir qué dibujar antes tienes que saber controlar lo que haces. Tienes que saber mezclar mundos. Como cuando un actor que está teniendo un día horrible llega al escenario y tiene que representar un momento de dicha absoluta, se pone su máscara, olvida su vida y se centra en representar. Y si tu estilo embrión es suave, delicado, femenino, poético (como es mi caso) te lo tienes que guardar y aprender a ser enérgico, dramático, fuerte y veloz. Y es entonces, cuando está todo mezclado y eres capaz de utilizar todos los estilos en un solo cuadro, entonces puedes elegir en qué mundo vivir.
O... puedes fusionar mundos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Triste festín.


Hoy, tras varios sueños en los que arrasaba con las secciones de bollería del mercadona, me he comido una Galleta Príncipe Falsa que sabía a gloria. Tras lo cual me he sentido gorda y culpable. Pero que os den, calorías, hoy he sido muy feliz devorándoos.

Gavin DeGraw - Chariot